Abracé mi propio cuerpo cerrando los ojos, el frío me mordía la piel, pero no llegaba más allá. Ardía por dentro, de impaciencia, de dolor, de pura y simple fascinación. Y solo mirando el cielo olvidé mi nombre, olvidé mi piel y cada rincón de mi y me perdí.
Quizás la razón de mi locura fuera tu piel, quizás el unico silencio que buscaba fuera el segundo entre cada Te quiero y cada beso.
Había vivido para amar la belleza que jamás me perteneceríay la belleza libre que no puede corromperse, y te había encontrado.
Pero en la silenciosa belleza de las tardes de invierno necesitaba tu aliento.
Bajo mi melancolía sangraban las huellas de tu calor en mi piel.
Y tu voz era el violín que calmaba mi desesperación.
Estaba enamorada de los aspectos más insignificantes de la vida,y de mis sueños, locos, pero míos.
Y de ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario