miércoles, 27 de julio de 2011
Your soul will be mine.
-Joven amo, la cena está lista.
-Gracias, Sebastian. Bajaré enseguida.
Ciel se frotó con la mano el ojo que quedaba libre del parche, sintiendose enormemente cansado y desorientado en la repentina oscuridad que se había formado en el cuarto. Quizás se había quedado dormido revisando los documentos de aquellos asesinatos...
Se levantó de la silla y sintió que se le desenfocaba la vista y se precipitó al suelo.
-¡Joven amo!
Escuchó la exclamacion de Sebastian y el sonido de su cuerpo cortando el aire y rozando el suelo para parar su caída con su propio cuerpo.
Entre los brazos frios de Sebastian, Ciel empezó a temblar.
-¿Porqué siempre haces lo mismo, Sebastian?
-¿A que se refiere amo?
-Cuando caigo, me paras con tu cuerpo, te han cortado, disparado y torturado.
-Soy el mayordomo de la casa Phatomhive ¿Que haría si no pudiera salvar a mi joven amo?
-Eres tan molesto...
-Está usted sangrando señor.
Sintió en su lengua el sabor metálico de la sangre, se había mordido el labio al caer y el guante blanco que cubría la mano de Sebastian tenía manchas de sangre. Estaba rozándole el labio con los dedos.
-No me toques de esa forma, descarado.
-Como ordene.
La oscuridad se deslizó entre ellos mientras se levantaban, Ciel sujetándose al escritorio para no volver a caerse.
-Me voy a mi cuarto, no tengo apetito y estoy cansado.
-Le acompañaré.
-No, lo haré solo. Puedes descansar por hoy, Sebastian.
-Si, mi señor.
La noche se cernió sobre la mansión como un manto de oscuridad espeso y frio, inundandolo todo con el sonido del viento rozando los cristales y el suave sonido de la respiración de Plu bajo la ventada de su joven amo.
En los sueños de Ciel se alzaba un incendio propio del infierno, arrasandolo todo, su casa, sus sueños, su inocencia... su familia y el calor lame su piel, las lágrimas inundan sus ojos y grita con la voz de un niño aterrorizado.
Y se despertó con las sábanas empapadas en sudor, los ojos anegados de las lágrimas... y gritó.
-¡Sebastian!
Antes de que recuperara el aliento su mayordomo atravesaba y cerraba la puerta, colocándose a los pies de la cama, mirándole fijamente.
-¿Que ocurre joven amo?
-Fuego, fuego...
-No hay ningun fuego señor.
-¡Apaga el fuego!
Se abrazaba las rodillas y cerraba los ojos con fuerza, su labio abierto volvia a sangrar.
Cuando se dio cuenta estaba entre los brazos de Sebastian, gritandole y golpeandole con todas sus fuerzas.
-Sálvalos...
-No puedo, están muertos.
-Y yo también ¿Verdad? Por eso estas aqui.
-No, aun no, su tiempo no ha acabado joven amo, yo me encargaré de que eso siga asi.
Deshicieron el abrazo en silencio y Ciel se levantó de la cama con las piernas sudorosas y el pelo revuelto, se acercó a la ventana que nacia en el suelo y llegaba hasta el techo. Le dolió el brillo de las estrellas en los ojos, su rostro estaba cubierto de las sobras danzantes de la noche.
-Sebastian, tengo frio.
-Le traeré una manta.
-No. Acércate.
-Si, mi señor.
-Abrázame, demonio.
-Si, mi señor.
Los helados brazos de Sebastian rodearon el cuerpo fragin de Ciel por los hombros y sintió su oscura presencia en la espalda, la esencia del diablo que le pertenecía, casi sentiá el sello de su ojo brillar.
-¿Tienes hambre?
-No, mi señor.
-¿No deseas mi alma?
-Lo único que deseo es estar junto a usted, joven amo hasta que la ultima pieza caiga, hasta el final.
-Hasta entonces, no te alejes de mi, ni un instante.
-Aunque mi cuerpo sea destrozado, siempre estaré con usted, mi amo.
Quedaron frente a frente, mirándose sin decir nada, envolviendo entre los brazos de uno el cuerpo del otro.
-El final está cerca.
-Y su alma será mia.
-Si, ese es el trato pero, aqui y ahora, tanto tu alma, como tu cuerpo estais bajo mis órdenes.
-Asi es.
-Mi labio está sangrando, límpialo.
Sebastian alzó la mano aún oculta bajo su guante.
-No de esa forma.
Y antes de que pudiera darse cuenta, los labios de Sebastian rozaban los suyos con una sensacion que congelaba y quemaba a la vez todo su cuerpo.
-Su alma me pertenece.
-Tu cuerpo me pertenece.
Cerró los ojos apoyando su cuerpo en el frio cristal de la ventana con los labios de Sebastian a centimetros de su cuello, respirando con lentitud.
-Podría hacerte mio, durante mucho tiempo, Sebastian.
-Pero no puede, su alma esta envenada y el odio es lo único que le queda.
-Y cuando no quede nada, tu me llevarás contigo.
-Al infierno en el que ya vive.
Volvieron a rozar sus labios y a mirarse, en silencio.
-Su piel está fria señor.
-Y tus ojos brillan, estás hambiento, no puedes esperar más.
-No es su alma lo que deseo ahora mismo y me temo que pronto empezaré a mostrarle más de mi mismo de lo que me puedo permitir como su fiel mayordomo.
-Aún no has cumplido mi orden.
Con la suficiente rapidez como para que Ciel se marease, Sebastian cargó su cuerpo y lo depositó sobre las sábanas de nuevo, rozó con sus labios la herida de su amo que despareció al instante.
-Podrías haber hecho esto desde un principio.
-Lo sé.
Sonrió y retrocedió para marcharse.
-Ninguna pesadilla perturbará su sueño joven amo.
Abrió la puerta sin volverse.
-Sebastian, te ordeno que la proxima vez, me dejes caer.
-Yes, my Lord.
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